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Inicio de Colaboración con la Federación de Luchas Olímpicas y D.A del PPDO de Asturias

Federación de luchas olímpicas y DD.AA. del Pdo. de Asturias
Federación de luchas olímpicas y DD.AA. del Pdo. de Asturias

En primer lugar, quiero agradecer a nuestro presidente de la Federación Asturiana de Lucha, Javier Iglesias, el que me haya pedido que contribuya a revelar a las nuevas generaciones de luchadores, el histórico de los distintos luchadores integrantes de esa Federación.

No soy el más veterano de los antiguos afiliados a esa Federación, pero quizá sí, uno de los que más se han preocupado de conocer, y conservar, los datos que han acontecido en cada temporada de lucha, desde el año 1954, que es la fecha más antigua de la que tengo alguna información, hasta el día 16 de agosto de 1967, fecha en el que tuvo lugar mi último combate, en Alemania, en la ciudad de Dortmund, participando con el Dortmund Club en la competición de la Bundesliga 2 de Lucha. Y como dato curioso, no competí en mi peso normal de ligero (67 kg.), sino en el semi medio (73 kg.), porque mi compañero de equipo, Gúnter Raitz, había tenido una hija en esos días y tuve que ocupar su puesto. Había en el equipo del Club, otros pesos ligeros para sustituirme. A pesar de la desigualdad de peso, tuve la satisfacción de ganar el combate a los puntos, al igual que en la semana anterior, con otro peso semi medio en Essen. Estos fueron mis dos últimos combates como grecorromanista en la Bundesliga 2.

Días después, y acabado el curso que estuve estudiando allí, durante los años 1966 y 1967, en la Universidad de Bockum, me volví a Gijón, ilusionado, con el curso aprobado, con la intención de alcanzar el campeonato de España del peso ligero, habida cuenta de que, por fin, estaba bien entrenado y, sobre todo, con más técnica y experiencia. También me apetecía el introducir en España la lucha libre olímpica, que practiqué en Dortmund. Asimismo, el dar a conocer la lucha femenina, que conocí y practiqué en entrenamientos con ellas.

Una muy buena oferta de trabajo que me ofreció la empresa en la que trabajaba, que duplicó mi sueldo, añadiendo, además, participación en beneficios, y que fue quien costeó el curso especial que me llevó a la referida Universidad, me apartó definitivamente de cualquier actividad deportiva. No volví nunca a pisar un tapiz.

Por Antonio González Balbuena